Bitácora

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Mourinho, Ikea, Mercedes Milá, los expulsados de Gran Hermano y la madre que los parió.

553813_454799984582106_1458992804_nEn esta España de los atentados diarios a los Derechos Humanos ya tenemos al primer muerto por haberle sido negada la atención sanitaria. Se llama Alpha Pam, es senegalés y murió en Mallorca de tuberculosis. No le trataron por no tener tarjeta sanitaria. No tenía tarjeta sanitaria por ser extranjero. Lo explica fenomenal y con una extensa relación de datos Pintiparada aquí. Este recorte humano por el bien de nuestra economía y del Estado del bienestar pesa ya sobre nuestra conciencia. No hemos recortado un sólo céntimo de rescate a la banca o de la fabricación de armas, hemos recortado la vida de Alpha Pam. Así es como España sale de la crisis. Por la puerta grande y con dos orejas, como nos enseña nuestra cultura de festividad en la muerte y en la sangre.

En esta España del enriquecimiento a costa de los Derechos Humanos ya tenemos una fábrica con cientos de trabajadores/esclavos muertos en Bangladesh. Van, por ahora 622, una cifra de vidas que, de haber sido occidentales, supondrían una de las más grandes tragedias de la Humanidad en las últimas décadas pero que al ser “simplemente” de Bangladesh pasarán al olvido como parte de la balanza de costes de nuestro sistema. Pero resulta, sin embargo, que no nos podemos olvidar porque, en esa fábrica de los 622 muertos, se trabajaba en condiciones infrahumanas para marcas españolas tan conocidas como Mango y El Corte Inglés. No puede ser que no pase nada. No puede ser que nadie vaya a decir nada.

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Ruinas de la fábrica de Bangladesh.

428493_560480607335883_556735702_nPara rematar el inicio de la semana, y saliéndonos un poco de nuestras fronteras, llega la noticia de que el rinoceronte negro se ha extinguido. Esto, que ciertamente trata de un animal en el que no había reparado ni había sentido una especial sintonía con él en mi vida, me deja hecho polvo y avergonzado como especie. Más cuando la información se completa con el dato de que el último ejemplar de esta contundente y solemne familia de animales ha muerto abatido por los disparos de un cazador furtivo. Y será la cosa de enfrentarme a imposibles o el vacío que deja la propia imposibilidad del retorno (ya nunca más este animal vivo), pero me siento habiendo cometido un gran fallo como parte de la Humanidad.

Sin embargo, este post cabreado no estaría del todo justificado (ni su titular) de no ser porque, a pesar de todo lo dicho, la noticia del día en medios y redes y lo que se lleva todos los trending topics desde ayer es que Mourinho (un entrenador de fútbol) estuvo comprando en IKEA. Así es, amigos y lectores de esta bitácora, todos los ojos de los habitantes de esta piel de toro maltrecha puestos en la supuesta compra de un señor en una tienda de muebles (al parecer, cajas, cinta aislante y todo ello “muy serio y hablando en portugués”). ¡Viva España! ¡Viva Maura!Ikea Lo peor de todo es que la noticia no consiste en que este cabrón comprará en domingo, día de las madres para más inri, no. El meollo de la cuestión no consiste en que este tipo, como tantos otros tipos, haga uso de los injustos horarios laborales impuestos en su día por doña Esperanza Aguirre que permiten trabajar en domingo y deshacer lo poquito de conciliación familiar que nos quedaba. La noticia es, simple y llanamente, que un portugués fue a comprar a Ikea unas cajas. Esto deja a la noticia del fin de semana que hablaba de las conspiraciones de Mercedes Milá y las grandes marcas para echar a una pobre concursante cuyo único delito era tener la misma ausencia de materia gris que sus compañeros a la altura de una exclusiva mundial. Casi justifica y ayuda a entender, viendo el nivel de prioridades, que las masas se estén uniendo para clamar justicia, boicotear a la pantalla amiga y exigir a Vasile, con campañas on line, manifestaciones y artículos, que vuelva la pobre concursante vilipendiada a Gran Hermano.

Y, mientras, Mariano en su sofá encendiéndose un puro y diciendo para sus adentros: “qué fácil esh gobernar Eshpaña”.

La bohemia era esto.

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“Yo me salvé del desastre renunciando al goce de hacer versos.” -’Luces de bohemia’, Valle-Inclán-

 

valle_tengo-el-honor-de-no-ser-académico-723x1024La bohemia no era vivir en un ático en el barrio de Las Letras con una ventana que miraba al Sur. No era tampoco salir, quemar la noche, reflejar mi rostro borroso en mil cristales de mil escaparates a la luz de las farolas, como no lo era tampoco deambular entre versos, tinta y tantas mujeres. La bohemia no era llevar la sección de cultura de un periódico en Madrid, estar a la vez en todos los eventos, rodearme de escritores, poetisas, cocineros, escultores, periodistas y actrices, latir al mismo ritmo de la ciudad por las mismas venas y con la misma sangre. No, no consistía en esto la bohemia. No era, aunque lo pareciese, conspirar para cambiar el mundo en la barra desgastada de un tugurio de verjas cerradas, escuchar villancicos en garitos ocultos adornados por neones verdes y rosas, emocionarse cada noche con las mismas canciones frente al mismo piano y las mismas voces añejas. La búsqueda del hada verde en distintas latitudes y fronteras no era tampoco la bohemia.  La bohemia no era, en fin, la vida luminosa del que busca la bohemia en un tres cuartos y una larga bufanda granate. La bohemia del Madrid bohemio del Callejón del Gato, las Cuevas del Sésamo y las guiris, la de los bares siempre abiertos y las rondas en bucle, la de compinches y versos y sueños. No. La bohemia no era eso.

vilbopomLa bohemia era vivir en un piso angosto con goteras y humedades en Vallecas donde no puedes dar cuatro pasos seguidos y que por toda referencia literaria tiene el haber sido construído en 1927. La bohemia era no conseguir publicar cuatro malas crónicas por el Buey Apis de turno para poder ganar al menos veinte duros, malvender mis libros por tres cochinas pesetas, empeñar el abrigo, pasar frío. Era, y no me había dado cuenta, ser consciente de que “las letras no dan para comer. ¡Las letras son colorín, pingajo y hambre!“, gritar en las entrañas que “en España el mérito no se premia, se premia el robar y el ser sinvergüenza“,  luchar por mantener tus principios entre plato y plato de arroz. La bohemia era no resignarse, seguir llamándome pueblo a pesar de lo que opinen mis buenos amigos modernos, compañeros leales y clientes de buñolerías que ya sólo puedo mirar desde fuera. En esta España que tenemos hoy de hace cien años, la bohemia era contemplar con estupor cómo la polícia, “trope épico, soldados romanos, sombras de guardias“, revienta al pueblo, rompe los cristales de los humildes, genera drama en las calles. Era acabar en el calabozo por decir verdades y tener talento, querer instalar la guillotina eléctrica en la Puerta del Sol, gritar ¡Muera Maura! a pleno pulmón. Encontrarse con viejos conocidos que ahora son ministros, recalar en el café donde te invite a una copa un admirable amigo artista al que el éxito y los laureles le han sido generosos, comprobar cómo de cercanas están las miradas de cariño y admiración con las miradas de compasión; todo esto, y yo no lo sabía, todo esto era la bohemia.

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Abrir una vez más ‘Luces de bohemia’. Mirar a este Madrid absurdo, brillante y hambriento. Comprender. La bohemia era esto.

¡Muera Maura!

Una reflexión aventurera.

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Mientras preparo la entrada en la que resuelvo el misterio de dónde me he metido durante todo este tiempo en el que he estado ausente, os dejo con esta reflexión que me he encontrado en tuiter. Como también contaré en esa entrada que llegará en formato de ‘Cuaderno de viaje‘, a veces la aventura llama tan fuerte a la puerta de uno que sólo se puede responder y abrir. Aunque por el camino toque buscar donde sea los ingredientes que nos faltan para completar la receta.

En cuanto mi gata me lo permita (definitivamente hoy debe de ser el día D que tanto tiempo llevaba tramando para destruir mi casa), os llegará el relato infiel de mis idas y venidas y del proyecto que me traigo entre manos, no sea que a alguien más allá de mi santa madre le interese. Quizá haya fotos. Y vídeos. Y delfines. Y karaokes…

…sonrió (seguro), y se durmió…

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Feliz Navidad, feliz mundo de mañana.

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Extracto del poema ‘Feliz Navidad’ intervenido artísticamente por Pepe Larraz

A unas gafas rotas.

Y ahora, después de trece años, tras una larga agonía, finalmente os rompéis. Yo os miro ahí, encima de la mesa, y no sé muy bien cómo reaccionar. La patilla partida, literalmente fundida del desgaste, me dice que ya no hay marcha atrás, que, esta vez sí, os habéis roto. No hay arreglo posible. Se acabó. Después de trece años se acabó. Ahora me toca deciros adiós y no sé muy bien cómo.

Sois tan parte de mí como todo lo que más me gusta de lo que me forma y no sé cómo se hace esto de despedirme de vosotras. Mi casa no admite vitrinas donde recordaros – a duras penas cabe un gato. Vosotras, que inaugurasteis el cambio de década, de siglo y de milenio conmigo, definitivamente os vais. No son pocas las cosas que, desde entonces, hemos visto juntos. Visteis cómo empezaba mi carrera, mis años universitarios, la de cosas que descubrí fuera de las aulas de esa apolillada facultad, páginas y páginas de apuntes que pasaron ante vosotras como pasa un río que discurre rápido para irse lejos. Visteis la vida de cientos de chavales de un centro juvenil hoy nostalgiado así como visteis el fuego y la esperanza por cambiar las cosas en sus miradas. Visteis a Pacharán y Carajillo, visteis a Hombre-Man llegar raudo a mi llamada, visteis salas abarrotadas de risas y amigos, visteis un escenario, dos micrófonos, copas, copas, copas, la noche de Madrid abierta, el cielo bajo nuestros pies… Visteis tanto que pocas veces durante muy pocas horas visteis mi mesilla.

También compartimos la visión, tal vez causa de vuestro desgaste, de todos mis poemas, de todos mis versos, de aquello que los inspiró y de papeles, servilletas y paredes donde algunos nacieron y otros, simplemente, murieron. No sé os escapó ninguno. Es por ello que conocisteis conmigo a todas mis mujeres. Me acompañasteis en el final de la primera, recuerdo sereno, y en el comienzo de la última, esperanza infinita. Entre medias, un ramo de caricias, miradas, cuerpos, compañías y caminos rondaron ante vosotras. Visteis impasibles como me formaron y me deformaron y me volvieron a formar. Alguna llegó, ciertamente y para equilibrar, a deformaros también a vosotras fruto de las prisas y la noche.

Vuestros cristales, estos mismos cristales que ahora me miran ya inertes encima de la mesa, reflejaron los destellos de los años febriles del periodismo, la nocturnidad, la alevosía y la bohemia compartidos en Gente en Madrid. Se llenaron de polvo tanto como de amaneceres a través de todas las huellas que nos llevaron a Santiago. Brillaron ante la luz de tantos horizontes, de tantos destinos, de tanta carretera… ¡Brillaron ante la luz de París! Y saltaron el charco para conocer otras luces y otros amaneceres y otros destinos.

Hemos visto, amigas mías del alma, la misma violencia bajo el mismo calor de injusticia en Honduras, hemos visto la misma sangre derramada, los mismos ojos llorosos, la misma impotencia, los mismos dedos fríos de la muerte. Hemos visto la misma bala. Hemos visto, sin embargo, la misma esperanza, los mismos niños queriendo leer, queriendo saber, el mismo grito en defensa de la vida, las mismas calles llenas de resistencia y lucha, los mismos micrófonos compartiendo a voces la misma sonrisa de futuro, las mismas manos consagrando el mismo cuerpo. Hemos visto la misma vida.

Y ahora, trece años después, estáis ahí, rotas, enfrente de mis ojos. Habéis terminado, para mayor desazón, de una forma por demás poco heroica. Os habéis roto sin más, fruto del desgaste y del ver tanto. No os rompió con agresividad de un porrazo un policía, no desaparecisteis en medio de una carrera frenética ante el ejército en Choloma, ni si quiera caísteis a causa de la violencia desprendida por el choque pasional de dos cuerpos desnudos. Os habéis roto, sin más, para recordarme que una época acaba y quedaros ahí, agotadas, encima de mi escritorio.

Vuestros detractores, esos que llevan años diciéndome que os jubile, que sois feas, que estáis descuadradas y sucias, los mismos que señalaban con asombro la marca que dejabais en mis sienes, me dirán que ya era hora, que me ponga otras y punto. Así, de un día para otro, sin tiempo para posarlo. Que me ponga otras. Como si al dejar una relación uno pudiera comenzar otra ese mismo día. Y, claro está, llegarán otras, fruto de la necesidad, que verán otras cosas que ya no serán estas y no serán mejores ni tampoco peores.

De las primeras cosas que compartiré con “las otras”, y que quiero compartir también con vosotras aunque sea de palabra en esta noche fría, serán los derribos que para este martes día 9 están planeados en El Gallinero. Se estrenarán fuerte. Quién sabe si tanto como para acabar en ese mismo día en el punto en el que vosotras ahora os encontráis. Verán, como ya vierais, el infame despliegue policial, las palas destructoras, la impasibilidad de los funcionarios del Ayuntamiento, las familias indefensas e impotentes y quién sabe si, tal vez, cientos de compañeros, amigos y vecinos dispuestos a parar todo ese absurdo desde las siete de la mañana al calor del café recién hecho de doña Lucía. Empiezan, como veis, siguiendo vuestra estela y eso me da algo de fuerzas.

Sin embargo y con todo, vosotras estáis ahí, frías ya, encima de la mesa y yo estoy llorando como un idiota.

‘MdM’ en los medios. Alegres y no.

Un momento de la presentación en La Casa Encendida con Abel en la pantalla.

Las últimas semanas han sido de no parar para ‘el Mundo de Mañana’ y, sin embargo, o tal vez por eso, os hemos hablado muy poquito desde aquí (algo más por la página del Facebook). Como ya comentamos en la última entrada, presentábamos en La Casa Encendida un plan pensado para evitar el derribo del poblado de El Gallinero y tuvo una repercusión inesperada. El auditorio del centro se llenó y desbordó las escaleras del edificio. Fueron muchos los ciudadanos y medios que se interesaron por la luz de esperanza que ofrecíamos para estos vecinos, demostrando que la vida al margen interesa, preocupa y mueve. En medio del acto, tal y como os anunciábamos, se proyectó por primera vez el corto documental ‘Luces de El Gallinero’ que realizamos junto a Drakkar el pasado mes de mayo y que ya conocéis los seguidores de este blog. A causa de esto hemos tenido algunas apariciones relevantes en prensa por primera vez y nos ha hecho tanta ilusión que nos parecía bien (y nos apetecía) compartirlo con vosotros. Aquí van algunos enlaces, por si os apetece echarles un vistazo.

Nos entrevistaron en el programa de radio de La Casa Encendida para explicar un poco el proyecto y hablar de esperanzas y denuncias. Podéis escuchar el audio pinchando aquí.

También aparecimos por las páginas ni más ni menos que de El País, ilustrando la noticia y como enlace a la información que se presentaba. Esto, que aún no me lo termino de creer mucho, quiero pensar que es una cosa importante y bonita. Podéis verlo en este enlace.

Por último, para completar el abanico de medios, tuvimos presencia también en televisión, en el programa sobre La Casa Encendida que emite La2. En este reportaje hecho con tanto mimo salen imágenes del documental y alguna declaración acerca de por qué nos decidimos a hacerlo. Podéis verlo, a partir del minuto 8, aquí.

Sin embargo, como dice el titular, estamos alegres y no. Conseguimos llevar esta verdad hasta los grande medios, pusimos en medio de la opinión pública la voz y el testimonio de Abel, cumplimos en tiempo récord con uno de los objetivos con los que nació nuestro documental (dar a conocer la verdad y la fuerza de la luz en medio de las tinieblas), y, con todo, no llegamos a tiempo. Abel se ha ido, la miseria ha sido más rápida y está en Rumanía y yo no puedo dejar de escuchar ‘Bad‘ de U2.

…5 años no son nada…

Así, como quien no quiere la cosa, ayer caí en la cuenta de que hace ya cinco años de la primera vez que fui a Honduras.

Ayer, también, cumplía años Don Moncho. Un amigo. Un ejemplo. Una leyenda.

Días para pensar y recolocar. Tiempos para actuar.

La cita del mes

"Nada importa morir, pero no vivir es horrible".

-Víctor Hugo, 'Los miserables'-

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